martes, 4 de octubre de 2016

SITUACIÓN DE LA HERÁLDICA CONCEJIL EN CANARIAS


FERNANDO D.ROSSI DELGADO

Intervención realizada como cierre del acto de conmemoración del 40 aniversario de la adopción de armas heráldicas por la ciudad de Tacoronte, el pasado 24 de septiembre de 2016. En que se homenajeó al exconcejal D. Manuel López Mederos e impulsor de dicha adopción. Este acto se enmarca en la celebración del Año Genealógico Francisco Fernández de Béthencourt (1850-1916). Organizado por Harold Rivero Pérez, la Sociedad de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Canarias y Excmo. Ayto. de la Ciudad de Tacoronte.




Iltmo Sr. Alcalde, Sra. concejala de Cultura, Excma. Corporación municipal, Sra. Jueza de Paz, Sres. Exalcaldes y antiguos regidores municipales, Iltmo. Sr. Comandante Naval de Santa Cruz de Tenerife, Sr. Director del Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, Sr. D. Manuel López Mederos, estimado Sr. D. Harold Rivero Pérez, familias de D. Julio Navarro Ortega y D. Sergio Fernando Bonnet Suárez, miembros de la Sociedad de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Canarias…Ilustre pueblo de Tacoronte 

El Ayuntamiento de la excelentísima ciudad de Tacoronte, con una amabilidad que agradezco no por lo que soy sino por a quienes represento, ha querido que fuera el que pusiera broche a este acto; aún a riesgo de hacerlos caer en el sopor más insufrible o en la tentación de mirar de soslayo las hermosas esferas de los relojes que adornan sus muñecas.

Y ha querido también enmarcar este acto en la celebración del Año Genealógico Francisco Fernández de Bethencourt, del que celebramos el centenario de su fallecimiento. 

Acto en el que hemos rememorado un momento, si lo quieren breve pero importantísimo, de la historia de este Pueblo en el que se decidió dotar a la entidad local de un símbolo que la representara; capaz también de representar a sus ciudadanos. Como en todo y como siempre, en esto, habrá opiniones.

Y hemos recuperado un objeto de singular valor, no por el que intrínsecamente posea sino por lo que representa y del que casi todos ignorábamos su existencia, pero que la casual intervención del entonces concejal D. Manuel López Mederos, la curiosidad de su conciudadano Harold Rivero y, cómo no, la oportuna entrega de nuestro párroco Don Carlos, hasta ahora custodio de la pieza, permitirá que todos, tacoronteros o no, podamos desde este mismo instante contemplarla y disfrutar de sus mensajes.

Me atrevo a recordarles que no existe un presente sin pasado, y la heráldica no se escapa a esta verdad. Afortunadamente no hemos de remontarnos mucho; basta con que nos acordemos de las escenas de las lides caballerescas con las que libros y películas enaltecían nuestra imaginación, cargándola de Robins, princesas y corazones de león. 

Sí, justo en la Edad Media, en una época en la que los apellidos tal y como los conocemos hoy no existían, y los caballeros y guerreros luchaban con una indumentaria que hacía prácticamente imposible saber quién pertenecía a qué bando, se hizo necesario dotar a cada facción de un símbolo que los diferenciara.

Codex Manesse 
Cod. Pal. germ. 848)
Ahí, entre los guerreros, hizo su aparición la heráldica que pronto fue recogida por otros estamentos como el eclesiástico, y poco tardó en trasladar su uso a las ciudades libres. En este proceso de aparición de la heráldica, desde sus comienzos, se le dotó de leyes y reglas que permitían, permiten, y han de permitir en todo tiempo, representar e identificar a quién, si se trata de un individuo o familia o a qué, si fuera entidad, representa el escudo o arma heráldica.

Por la forma hemos de saber identificar a su titular, por su timbre la condición del individuo o institución titular. Veremos, si no me despisto, si esto se da en la heráldica municipal de Canarias.

Pero hagamos girar las manecillas de nuestros relojes y situémonos en el S. XIX. En todo ese siglo sólo el municipio de Santa Cruz de Santiago de Tenerife, y las islas de Tenerife, Gran Canaria y La Palma poseían escudo propio. Los de las islas concedidos por Juana I de Castilla (La Loca) y el de Santa Cruz de Santiago de Tenerife por Carlos IV en reconocimiento al papel de la ciudad en la defensa ante el ataque del Almirante Nelson. 

Sin embargo, esta escasez de simbología municipal no se debió a las autoridades estatales, que insistieron frecuentemente en la necesidad de que cada corporación contara con un sello identificativo con el que timbrar sus documentos oficiales, fundamentalmente los emanados de las alcaldías. Tal intención, al menos en Canarias, no logró sino que cada municipio encargara, muchas veces a París, un sello de tinta.

De estos, afortunadamente, el Archivo Histórico Nacional conserva una más que interesante colección que, en lo que a nosotros respecta, no constituye sino una concatenación monótona y repetitiva de la frase “ALCALDÍA CONSTITUCIONAL DE…”, aunque, eso sí, encontramos el sello de municipios desaparecidos como el Taganana, nacido a la sombra de la Constitución de 1812.

Comenzado el S.XX, con las armas de la Villa de La Orotava, el afán por contar con unas armas heráldicas propias inicia su expansión en las Islas: hasta 1975 se adoptaron armas heráldicas en 31 municipios; el resto, hasta el del Pinar del Hierro en 2014, fueron oficializados en la actual etapa histórica, incluido el de Tacoronte, poniendo así un punto y aparte a un proceso identitario al que no ha sido ajeno ningún extracto administrativo.

Hecho este sucinto repaso, recordemos que dijimos que la heráldica está dotada de leyes y reglas propias que regulan, más allá del capricho y el deseo individuales, incluso del momento histórico-político en el que nos encontremos, forma, metales a usar, colores, timbre, o la propia composición del escudo.

Armas de S.M. la reina Sofía
En la forma de los escudos no nos entretendremos, pues aunque los municipios tienen reservada una específica, que no es otra que la que erróneamente se denomina catalana o levantina, es decir, un cuadrado apoyado sobre uno de sus vértices. Los responsables de mantener el purismo heráldico en ningún momento se han preocupado por éste, ni ahora ni nunca, y han hecho extensivo a los municipios la forma propia de los humanos o gentilicia, a la que ya estamos acostrumbrados: el escudo cuadrilongo redondeado. En Canarias, todos los escudos municipales tienen la forma de las armas gentilicias, incluidas las de Santa Cruz de Santiago de Tenerife, cuya la grafía ovalada es propia de las damas casadas o viudas, o las del Puerto de la Cruz que presentan forma de cáliz; no en vano fue blasonado por el arzobispo Bruno B. Heim.

Los escudos municipales, y el de Tacorontes es un ejemplo de ello, deben de ser lo más sencillos que posible; sus elementos han de representar una característica propia, fundamentarse en hechos históricos o accidentes geográficos. Tacoronte lleva por armas la simbolización de dos hechos históricos: su fundación, mediante la adopción de las armas de su fundador Sebastián Machado y el reconocimiento del antiguo menceyato de Tacoronte, con la colocación en el punto de honor de una corona de oro. 

El armorial municipal de Canarias está cargado de confusas combinaciones que hacen casi imposible su blasonado en otros lugares del mundo. Exceso de campos y adición de escusones, borduras sobrecargadas y tenantes o soportes impropios, convierte en singular la heráldica concejil de Canarias.

Decíamos que el timbre nos indica quién era su poseedor. Sin embargo, en Canarias, un Decreto obliga inadecuadamente a que todos los escudos municipales figuren timbrados por la corona real porque, afirman, es la que figura en el “escudo constitucional” de España. Nos oponemos a esta afirmación, aunque sea de momento norma de obligado cumplimiento, porque se trata de un argumento peregrino que califica como constitucional lo que no lo es. España no tiene escudo constitucional, la Constitución española no blasona arma heráldica oficial ninguna. El escudo no constituye un símbolo del Estado. Cualquier otro escudo distinto al actual, mientras no haya modificación de la Ley, tampoco puede ser tildado de inconstitucional, en cualquier caso de “no legal” por no figurar en una ley vigente.

Pero es que, además, obligando a la colocación de una corona real, y siendo el timbre indicador de posesión, la presente corona real le está hablando a un heraldista venido  o no del exterior de la existencia del reino de El Sauzal, o del reino de Teror…un archipiélago cargado de reinos. Absurdo. 



Los municipios, tal y como prevé la heráldica deben poder timbrar sus escudos con la corona mural que les corresponda en función de su cualidad: ciudad, villa, pueblo. Es tiempo de dejar claro que la corona mural no es propia de las Repúblicas, ni lo fue antes ni lo es ahora; es privativa de los entes locales, cualquiera que sea el sistema político y la fórmula en que presente. La que figura en el estandarte que ha recuperado el pueblo de Tacoronte, es una corona de ciudad, que es lo que es, y excelentísima.

Intencionalmente o por simple azar gráfico, el logotipo que el Excmo. Cabildo Insular de Tenerife lleva usando desde hace casi dos decenios aparece timbrado por una corona mural. ¿Ocurre algo por ello? no. O sí, si aceptáramos que el escudo oficial de la entidad es igual al de Tenerife con ligeras modificaciones. En el propio cielo del Salón del Trono de la Capitanía General de Canarias, se encuentra un extraordinario fresco, obra del pintor canario Gumersindo Robayna Lazo, con varios escudos heráldicos timbrados con la corona mural. Entre ellos el de Canarias, aunque, habiendo tenido históricamente la consideración de reino, no es esa la que le corresponde.

No es vano nuestro deseo de que el Derecho positivo deje de inventar y limitar, y adopte de forma normaliza las convenciones heráldicas en lo concerniente a forma y timbre.

Resumiendo, después de un proceso, intenso sin duda, en el que en menos de cuarenta años todos los municipios se han dotado de armas heráldicas, es momento de reflexionar, de analizar con serenidad las piezas y muebles que las forman y dotarnos de un armorial que se caracterice por la adecuación en las formas, la sencillez en la composición y el orgullo por simbolizar a quiénes pertenecen: al pueblo y su historia.

Parafraseando al ilustre genealogista Francisco Fernández de Béthencourt: “No quiero cansarlos más…ni que este modesto discurso…vaya a resultar algo como tema más oportuno de la Academia de Ciencias Morales y Políticas…Una sana democracia, Uds. lo saben mejor que nadie,…, no es el barullo, ni el desorden, ni la destrucción, ni la confusión, ni [aún] el caos, sino el atinado concierto y la natural intervención de todos”.


He dicho.

A veinte y cuatro de septiembre de dos mil diez y seis

Público asistente - Exconvento de San Agustín - Tacoronte
Excma. Corporación municipal de la ciudad de Tacoronte

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