sábado, 6 de octubre de 2018

II JORNADAS DE GENEALOGÍA DE CANARIAS




Se desarrollarán entre los días 18 y 20 de octubre de 2018. Los días 18 y 19 las conferencias se impartirán en el Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife. La jornada de clausura, el sábado 20, tendrá lugar en el Instituto de Estudios Canarios.

Al tener la consideración de curso de Extensión Universitaria la matrícula, gratuita, se puede realizar en el siguiente enlace:

Estas Jornadas pretenden estudiar el auge e importancia de la genealogía en Canarias. Estos días de conferencias y debates reunirán en La Laguna a especialistas de nuestro archipiélago con otros ponentes europeos y americanos, en una muestra de que en la actualidad los vínculos genealógicos de las islas se extienden hacia estos lugares.





viernes, 31 de agosto de 2018

PREGÓN DE LAS FIESTAS EN HONOR A SANTA MARÍA DE MONTSERRAT


Luis Agustín Hernández Martín
Los Sauces, 2018



Pregón pronunciado el pasado 23 de agosto con motivo de las Fiestas Patronales en Honor de Ntra. Sra. de Montserrat de San Andrés y Sauces en la isla de San Miguel de La Palma.

SUMARIO

Salutación y agradecimiento
Presentación
Santa María de Montserrat catalana
Beneficio de «Santo Andrés de los Sabzales»
El templo de Los Sauces. Autoría
Las Fiestas a Santa María
Plegaria a la Virgen de Montserrat
Testamento de Carlos Socarrás


Salutación y agradecimiento

Señor alcalde-presidente, miembros de la Corporación Municipal, vecinas, vecinos, amigas, amigos y familiares: Gracias por estar aquí.

Se conoce por pregonar: ‘publicar en voz alta algo para que llegue a conocimiento de todos’. En este caso, alzar la voz para anunciar el inicio de las Fiestas en Honor a Nuestra Señora de Montserrat del municipio de San Andrés y Los Sauces. Un atrevimiento por mi parte, porque, en realidad, el honor es mío.

Tres sensaciones tuve cuando el alcalde, Francisco Paz, me invitó a pregonar estas fiestas. La primera, el temblor que recorrió mi cuerpo, convencido —como estoy— de que entre ustedes hay otras personas con mayor preparación. La segunda fue la emoción por esta oportunidad que se me brindaba para hacer público el nombre de una gran madre: Antonia Clara Martín y Martín. Y la tercera también tiene que ver con la ocasión propicia para agradecer los buenos ratos que he pasado en este municipio.

El temblor aún no se me ha quitado. A mi madre saucera la  acabo de nombrar y mi agradecimiento a esta Villa y Ciudad es y será perpetuo.

Presentación

Creo, con verdadera sinceridad, que mi mejor tarjeta de presentación son los apellidos que ostento por línea materna. Desde luego: Martín, que se remonta al siglo XVI en la figura de Juan Martín, sastre. Pero también Rodríguez, Brito, Machín, López, Herrera, Medina… Por tanto, con seguridad, estoy emparentado directa o de forma colateral con muchos de ustedes. Sin esos ancestros yo no sería posible, ni lo sería tampoco mi trayectoria dedicada a investigar nuestro pasado.

Mi historia comenzó de manera muy simple y natural. Al poco de titularse como Maestro de Enseñanza Primaria, mi padre, Antonio Hernández, natural de la Ciudad de La Palma aunque de ascendencia barloventera, tuvo su primer destino docente en la escuela de Bajamar de esta localidad. Esta etapa aparece retratada en una fotografía en la que se le ve rodeado de más de 40 niños y que fue recogida en el espléndido libro San Andrés y Sauces…una mirada a su pasado[1].



Aquí conoció a una joven de «talle gentil y de rostro agraciado» que impartía catequesis a las niñas de dicha escuela. Con ella se casó y aquí nacieron mis tres primeros hermanos: Pepe, Beatriz y Carmen Luisa.



Yo nací en Santa Cruz de La Palma, pero desde pequeño visitaba a mis abuelos sauceros: Antonio María y «mamá» Concha. Y, lo confieso, su enorme casona me imponía respeto, a veces, incluso, miedo. No podía quedarme solo. Día y noche, la madera crepitaba: por las mañanas porque el sol calentaba las tablas, que se dilataban, y al caer la tarde, enfriadas, volvían crujir. Pero, sobre todo, estos chasquidos se oían al bajar de la vivienda al comercio de mi abuelo, una tienda repleta de innumerables objetos. Más de un susto me dieron mis hermanos varones en la parte más sombría de la escalera, que pasaba corriendo.



Al oscurecer se encendían las luces. Salvo en determinadas zonas, todo eran bombillos de los de antes, de 15 o 20 vatios. Hoy diríamos: «de bajo consumo». Aquello sí era «ahorro energético», no de lo que se presume ahora.

Al llegar la noche aumentaban las impresiones. La gigantesca cama era un enorme jergón lleno de casullas de millo y pajas de trigo secadas al sol, un nido artesanal salido de las manos de mi abuela Concha. Una vez acostado, no me movía. El sonido de las hojas secas impedía escuchar la llegada de cualquier duende. Luego la oscuridad… y el silencio… y el estallido de la tea al enfriarse… y las dobles campanadas del reloj del ayuntamiento y…aquello imponía respeto.

Pero también tenía cierta satisfacción. Recuerdo que, agazapado bajo el mostrador de la tienda, y aprovechando la avanzada sordera de mi abuelo, alguna vez logré alcanzar el cajón de los caramelos y vacié algún puñado en mis bolsillos, para luego salir a la placita del «Polvorín» a comerlos con disimulo. Aquella era «mi plaza». Por ese entonces, todavía La Alameda y la gran explanada de delante de la iglesia quedaban lejos de las llamadas familiares. Mi tía Elena, en su taller de sisnado, a veces asomada tras la ventana. Mi tío y padrino Luis, siempre enredado entre las horas.


Acuarela de Antonio Lorenzo Tena, 1993 


Superada la edad de las golosinas, fueron los meses veraniegos los que impulsaban mis visitas al municipio, en guagua de madera o como fuera.

Me importaban mis amigos: los que permanecían aquí y los que retornaban por vacaciones. El Charco Azul, San Andrés, Los Tilos, Llano Clara… y las fiestas: las procesiones, la romería, las carreras de caballos, las orquestas, los kioscos, el ron (a veces con guitarra en mano). Y la bella Alameda y la gran Plaza de Montserrat. Ahora sí, ahora sí eran «mis» plazas. Aquí, entre los aromas del «galán de noche», sentí mi primer amor —platónico— pero el primero, el que nunca se olvida. Entre vuelta y vuelta a este «Parque Antonio Herrera», me ruborizaba aquella guapa saucera. Creo divisarla aquí, entre nosotros, aunque ella no lo sepa.

Y aquí siguen, aquí están: la madera, las campanadas, las barranqueras y las cascadas, los olores, las flores…

Disculpa vana para una fiesta sería apelar únicamente a la devoción a Santa María.




Santa María de Montserrat catalana


Fotografía obtenida de internet

Como es sabido, el nombre catalán de Montserrat alude a la configuración de las montañas donde se ubica su monasterio en el municipio barcelonés de Monistrol[2]. Las rocas de este macizo se elevan hacia el cielo en forma de sierra, y de ahí el topónimo Montserrat: “monte serrado”.

Según la leyenda, la primera imagen de la Virgen fue encontrada por unos pastores en el año 888, quienes, atraídos por una luz, la descubrieron en el interior de una cueva.

En 1881 Nuestra Señora de Montserrat fue coronada canónicamente, siendo la primera de España que recibía esta distinción, y al mismo tiempo el Papa León XIII la proclamaba Patrona de Cataluña.

Fotografía obtenida de internet


Hasta entonces, la fiesta principal del santuario había sido la de la Natividad de Nuestra Señora, celebrada el 8 de septiembre. Como nosotros aquí, esa fiesta se conserva, la conservamos como fiesta mayor y fiesta de naturaleza popular. Pero una nueva festividad, con características patronales, vino a enaltecer expresamente a la Virgen en su advocación de Montserrat, fijándose en el calendario el 27 de abril. La preside el misterio de la Visitación.

(Fuera de texto les diré que este pasado mes de abril mi madre saucera no pudo retrasar más su visita a Santa María en otras esferas).

Fotografía obtenida de internet

La imagen catalana de Montserrat es una talla románica, de madera, casi toda dorada, excepto los rostros y manos de la Virgen y el Niño. Estas partes tienen un color entre negro y castaño como consecuencia de las innumerables velas y lámparas que se han encendido ante la imagen, día y noche, durante muchos siglos[3]. Por eso la llaman con cariño La Moreneta.

Y de ahí que su himno comience:  
«Rosa de abril, morena de la sierra…».


Beneficio de «Santo Andrés de los Sabzales»

Centrándonos a continuación en nuestra Montserrat palmera, quisiera trasladarles unas reflexiones.
Desde mi punto de vista, elevar la primitiva ermita de San Andrés a la categoría de «iglesia parrochial baptismal» en 1515 conlleva dos cuestiones. Una es la creación de un Beneficio en «el lugar de Santo Andrés de los Sabzales», uno de los tres primeros de La Palma.

La segunda cuestión tiene que ver con la anexión expresa que se hace al Beneficio de la «yglesia de Santa María de Monserrate». Por tanto, el Beneficio de San Andrés de Los Sauces llevaba incorporado dos iglesias —o primeras ermitas, como se quiera decir—: la de la costa, puesta bajo la advocación del apóstol pescador, y ésta de las medianías, bajo las montañas, erigida sin duda por iniciativa de un catalán.

Y permítanme, además, añadir un pequeño matiz —no exento de importancia— relacionado con el significado original de Beneficio.

A menudo, en los tiempos actuales, los términos Parroquia y párroco se han utilizado como sinónimos de Beneficio y beneficiado —y que conste que yo también lo he hecho—, pero lo cierto es que esta correspondencia semántica no se daba exactamente así en el siglo XVI.

De hecho, ni en las Constituciones Sinodales del obispo Fernando Vázquez de Arce, de 1515, ni en la ratificación del emperador don Carlos en 1533, ni aún en 1564 cuando se realizaron las primeras oposiciones para ocupar la plaza de beneficiado, se habla de parroquia ni de párroco.

La expresión yglesia parroquial, citada en esas disposiciones, se refiere a la demarcación geográfica, a la jurisdicción eclesiástica; y parroquianos alude a la feligresía que conforma dicha jurisdicción[4].



Un tercer tema que puede pasar desapercibido tiene que ver, precisamente, con esa anexión dispuesta por el obispo: la de Montserrat es la primera ermita mariana elevada a la categoría de Beneficio en la isla de La Palma. Ni siquiera la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves —considerada un referente devocional — alcanzó dicha condición en aquel siglo, sino que irá adquiriendo importancia en el siglo XVII hasta convertirse en el santuario mariano insular por excelencia.

Hoy en día, las fiestas lustrales de la Bajada de la Virgen de las Nieves ocupan el primer puesto en materia festivo-religiosa de esta isla. También celebramos una segunda Bajada, la de Nuestra Señora del Pino de El Paso. En este sentido, cabría tomar en consideración una peregrinación que partiera desde Montserrat hasta San Andrés. ¿Por qué no una tercera Bajada?.

Y es que, siempre lo dije: San Andrés y Sauces constituye desde tiempo inmemorial el tercer municipio en importancia de la isla. A veces fue el segundo e incluso hasta el primero.

Yten, mando que se dé en limosna a las yglesias de Nra. Señora de la Piedad e Nra. Señora de Monsarrate e Nra. Señora del Rosario e San Sebastián e San Pedro de las Lomadas e a Nra. Señora de la Galga, que todas son en esta comarca de Los Sabzes, a cada vna medio real para su obra, e se pague de mis bienes.
Testamento de Leonor González, mujer de Antón Aparicio (Blas Ximón, Los Galguitos, jueves 23 de febrero de 1548). 


El primero, porque conserva el libro sacramental más antiguo de La Palma, cuyo primer bautismo se remonta a 1548, es decir, casi veinte años antes que los conservados en la iglesia matriz de El Salvador de la Ciudad.

Ha ocupado también el segundo lugar porque, después de Santa Cruz de La Palma, obtuvo la segunda jurisdicción notarial de la isla por autoridad de la Corona de Castilla. De ella se conservan protocolos desde 1546. De ambos registros, bautismos y escrituras notariales, queda constancia a través de sendas monografías publicadas por quien les habla, gracias al mecenazgo de dos sauceros: mi madre, Antonia Clara, que financió el libro dedicado al escribano público Blas Ximón, y Marcelo Rodríguez Fuertes que lo hizo con el primero de bautismos de San Andrés y de Montserrat[5].




Otros dos proyectos de transcripción documental están ya en marcha y abarcarán hasta el siglo XVII. Por tanto, podemos afirmar que, a día de hoy, San Andrés y Sauces es el municipio mejor conocido, documentalmente hablando, del conjunto de La Palma en lo que se refiere al siglo XVI.

El templo de Los Sauces. Autoría


Es de sobra conocido por todos que la advocación mariana de Montserrat de Los Sauces es propiamente catalana. Lo que tal vez resulte menos divulgado entre el gran público sea el autor —o mejor, el promotor— de aquella primitiva ermita dedicada a Nuestra Señora. Varios autores han insistido que fue Marco Roberto, natural de Tarragona, a quien se le añadió como segundo apellido Montserrat. Pero la realidad es que con este apelativo no se localiza a ningún personaje en el siglo XVI. Sí aparece en cambio a partir de 1608, pero con otro nombre: Gregorio Roberto Monsarrate —también conocido como Gregorio de Almao Roberto—, que fue sobrino-nieto de aquel primer Marco Roberto[6]. El problema reside en que esta fecha de 1608 no encaja para una iglesia que ya estaba construida en 1515[7].

Libro II de Bautismos de El Salvador, f. 47v (18 de febrero de 1608) 

Por esta y otras circunstancias que apunto en el estudio introductorio de la edición del Libro I de Bautismos, descartamos al regidor Marco Roberto como fundador de la primera ermita saucera.



Pero no vamos a quedarnos huérfanos. El rastreo de la documentación original del siglo XVI, apunta hacia otro devoto de Santa María: el también catalán, aunque de origen barcelonés, Gabriel Socarrás, quien ya se encontraba en la isla en 1502.

Este Gabriel Socarrás fue el primer apoderado en La Palma del mercader Pedro Benavente, favorecido por el conquistador Alonso Fernández de Lugo con casi la mitad de las aguas y tierras de Los Sauces[8]. Se casó con Ángela Cervellón, de cuyo matrimonio desciende Melchora Socarrás, mujer que ha pasado a la historia como inductora de las revueltas, saqueos e incendios ocurridos en la Ciudad, tras la incursión de piratas franceses en 1553, al quedar cautiva y pagarse un alto precio por su rescate[9]. Estos hechos, reales, darían lugar a la leyenda de Baltasar Martín.

 Gerónima Benavente Cabeza de Vaca 

Melchiora Socarrás


Permítanme un solo dato más. Gabriel Socarrás falleció en Santa Cruz de La Palma entre 1547 y 1550. No disponemos de su testamento, pero sí del de su hermano Carlos Socarrás, de profesión platero, quien le nombra por heredero universal. El texto, escrito en latín, fue firmado en Nápoles el 4 de agosto de 1501, fecha en la que se afirma que Gabriel Socarrás, mercader (es decir, del tercer estado, no clérigo ni militar), se encontraba en Cádiz, aunque es posible que ya estuviera en Canarias. En el Archivo Municipal de San Andrés y Sauces he dejado copia de este testamento por constituir una de las referencias más antiguas en la que se cita a un poblador de esta zona norte y por la relevancia social que Socarrás tendrá para la historia palmera[10].

Quizás todo pueda explicarse por una confusión fonética o cacofonía entre Socarrás y Socarrate, frente a Monsarrat y Monsarrate.

Y es curioso: Socarrás, en catalán Socarrats, significa: ‘chamuscado’. Y el diccionario de la Real Academia Española nos dice que socarrar es ‘quemar o tostar ligera y superficialmente’: el mismo término que empleamos para referirnos al fondo de una buena paella, como la que yo comía en Los Tilos invitado por la familia de Berto Concepción Medina.

Me pregunto si es casualidad, coincidencia o pura imaginación mía relacionar el apellido Socarrás (‘tostado’) con el cariñoso apodo de aquella catalana imagen: La Morenita.

 Gabriel Socarrás (1525)

 March Rubert (1550) 


Señoras y señores, no puedo pasar por alto que este año 2018 conmemoramos el 50 aniversario de la apertura y bendición del nuevo santuario Montserratino de Los Sauces. 

Ya desde el 29 de febrero de 1968, el periódico, El Eco de Canarias, recogía la efeméride:

«En San Andrés y Sauces, isla de La Palma, se está completando el programa de actos a celebrar con motivo de la inauguración de su nuevo templo parroquial dedicado a Nuestra Señora de Montserrat, patrona del término»[11].

Por su lado, el día de la bendición de la iglesia, nuestro Diario de Avisos le dedicaba su editorial de portada. Extraigo un párrafo:

«Lograr un templo de espléndida línea, lujosa arquitectura y costosa edificación, suma de los esfuerzos de autoridades civiles y eclesiásticas, de grupos paraestatales o municipales, de vecinos en fin, es lograr meta de difícil carrera a cuyo buen término bien viene una corona de laurel»[12].

Y describe las bondades de la nueva basílica: «de columnas de mármol rojo con capiteles decorados con pan de oro, artesonado de madera de tea… hasta el formidable órgano ‘Dereux’ modelo Conciliar, lo que añade una nota de actualidad»[13].


Programa de actos de la inauguración del nuevo templo montserratino


Fiestas a Santa María




El relato más antiguo conocido sobre las fiestas de San Andrés y Los Sauces está incluido en el manuscrito de fray Juan Francisco de Medinilla y Tobalina, conventual de la Orden de la Merced en Olmedo (Valladolid), que recorre la isla de La Palma en 1758. Entre otras citas referidas a cánticos religiosos, extraigo los siguientes párrafos:

«Componen estas dos cercanas parroquias un Beneficio, que es presentación del Rey».

[Subrayo: dos cercanas parroquias, es decir, dos jurisdicciones eclesiásticas, o, si se quiere, dos feligresías, pero un solo Beneficio. Prosigo con la narración del fraile mercedario:]

«Después de la misa hizimos procesión con el Sacramento y Nuestra Madre por fuera de la yglesia, que estaba enrramada, y con rama el suelo; y el suelo también enrramado por fuera de las dos puertas, por donde entró y salió la Procesión, había ramas en forma de arco, cargadas de mucha fruta; en la yglesia había flores, frutas, membrillos, naranjas, concurriendo los pobres ysleños a los cultos de la Gran Señora en el modo posible […] como la otra pobre viuda que echó en el garafilano dos maravedises de limosna»[14].

«Dos parroquias,   un solo Beneficio». 


 Fotografías tomadas de internet.























Como ya he apuntado, una fuente importante para recordar las costumbres y los festejos pasados es la prensa histórica. Por ejemplo, en su edición del 19 de agosto del citado año 1968, El Eco de Canarias recogía a propósito de nuestra cita festiva: 

«La ciudad de San Andrés y Sauces, norte de La Palma, se prepara activamente ante sus fiestas patronales de Nuestra Señora de Montserrat, de las que se editará un artístico folleto»[15].

Diario de Avisos, 2 de septiembre de 1968, p. 3

A veces los programas de actos se publican al completo en las planas periodísticas, como lo hizo Diario de Avisos en 1948. Entre los festejos populares, entresaco los anunciados para el domingo 12 de septiembre de dicho año:

«A las seis de la mañana alegre Diana por la banda de esta ciudad que recorrerá las principales calles. A las 10 concierto en la Alameda por la Banda ‘La Atlántida’. Por la tarde a las 4, Paseo en la Alameda y Plaza de Montserrat amenizado por la repetida Banda de música y las orquestas «Casablanca» y «5 de Palma».  A las 6, representación de la Danza de las Flores, letra y música de don Manuel Guardia Roldán. Por la noche, a las 11, verbena en La Alameda y Plaza de Montserrat, espléndidamente adornadas […]».

«Nota. La Comisión ruega al vecindario adorne e ilumine las fachadas de sus casas»[16].

Al bucear en estos periódicos debemos mostrarnos agradecidos, pacientes y selectivos. En una misma página se entremezclan variados asuntos: noticias de distinta índole, notas necrológicas y anuncios, como el siguiente:

«Alpargatas piso de goma marcas ‘Pajarito’ y ‘Tenis’. Comprando los acreditados pisos de goma marca ‘PAJARITO’ y ‘TENIS’, economizará Vd. bastante dinero por su precio y gran duración»[17].

Con todo, a veces los actos programados no llegaron a materializarse al completo. El susceptible periodista de turno nos da cuenta de «la general censura entre el vecindario» por lo ocurrido —o mejor dicho, por lo no acontecido— en septiembre de 1912:

Diario de Avisos, 6 de septiembre de 1948, p. 2



Diario de La Palma, 21 de septiembre de 1912, p. 1. 

«Es el caso» —dice— «que por la Comisión de festejos públicos circuló un programa de todos los números que habían de tener efecto», «anunciando para el día 12, cucaña con premio y corrida de sacos con premio especial, sin que ninguno de dichos dos números se verificara». «Para el día 13, se anuncia en dicho programa, una gran luchada con premio al vencedor y una divertida Pandorga, y ambos números brillaron por su ausencia»[18].

Han pasado muchos años desde entonces, y hoy en día las fiestas se han enriquecido con otros actos cívicos, lúdicos, deportivos y musicales. Porque, ante todo, la confluencia festiva en torno al nombre de María siempre es motivo de alegría y de regocijo.

Y ahí sigue, y ahí está
viendo pasar el tiempo
María de Montserrat.


Plegaria a la Virgen de Montserrat


Señor alcalde, amigas y amigos, no puedo terminar sin pregonar, alzar la voz para hacerles, hacernos todos copartícipes de un clamor y de un ruego.

Santa María, en este año, especialmente importante y reivindicativo para las mujeres, invocamos tu amparo e intercesión. A ti, como Mujer y Madre, te imploramos, cantando —que es como mejor lo hace un palmero—, y con verso rimando te hacemos esta plegaria:

Alcaldesa Perpetua Honoraria,
Patrona del pueblo saucero:
¡No más violencia, no más «manada»!
A un solo grito te pedimos:
«¡¡Ni una más… ni una menos!!»


Celebremos, pues, las fiestas bajo su mirada. ¡¡Felices fiestas!!  Muchas gracias.




Los Tilos, 2018 



Signo y firma del escribano Blas Ximón (1546-1573)



Firma del escribano Amador Álvarez de Silva (1575-1582)

      Signo y firma del escribano Gaspar Simón de Silva (1582-1615)


Testamento de Carlos (Carolus) Socarrats (1501). Resumen[19].

Carlos Socarrats, platero, hijo de Antonio Socarrats, mercader, natural de Barcelona, y de doña Brígida, su esposa, difuntos.

Quiere ser enterrado en la sepultura que tiene en la iglesia de Santa María de Barcelona, donde está sepultada su madre y sus antepasados.

Deja 15 sueldos al hospital de Santa Cruz de Barcelona y a la iglesia de Santa María 2 sueldos y 8 denarios.

Enumera las misas y lugares en los que deben celebrarse.

Deja a su hermana doña Isabel los anillos de oro, las cantidades de dinero, las piedras o gemas preciosas, los vestidos y todo lo que tenga en el día de su muerte.

Deja a Tomé Socarrats, sastre, 5 sueldos.

Deja 5 sueldos a los mercaderes Francisco y Simón Ulas, sus parientes.

Todo lo demás, lo deja a su hermano Gabriel Socarrats, mercader, como heredero universal, el cual vive en la ciudad de Calis (Cali), reino de Castilla.

Albaceas testamentarios: Arnaldo Tejedor, mercader, su cuñado, y doña Isabel, su hermana.

Testigos: Joan Clements y Laume Jofre.

Firmado en Nápoles, calle Terrós, en las casas de Arnaldo Tejedor, el 4 de agosto de 1501.

Fue abierto ante el notario Pedro Reig, el 23 de abril de 1503, en presencia de los testigos.










[1] José Antonio Batista Medina y Néstor Hernández López: San Andrés y Sauces… una mirada a su pasado. San Andrés y Sauces: Iltmo. Ayuntamiento de la Villa y Ciudad de San Andrés y Sauces;CajaCanarias, 2001, p. 245.
[2] En realidad, la montaña de 10 kilómetros de longitud y 5 de ancho, pertenece a cuatro municipios: Monistrol, Collbató, El Bruc y Marganell. Desde el punto de vista eclesiástico, Montserrat pertenece actualmente a la diócesis de Sant Feliu de Llobregat. Véase: Anselm M. Albareda y Josep Massot i Muntaner: Historia de Montserrat. Publicacions de l’Abadía de Montserrat, 2011, p. 11.
[3] Historia de Montserrat…, obra citada, pp. 36-39.
[4] Cláusula 14ª de las Constituciones Sinodales (1515) del obispo Fernando Vázquez de Arce. Véanse: Francisco Caballero Mujica: Canarias hacia Castilla: datos de un proceso histórico. Las Palmas de Gran Canaria: Caja Insular de Ahorros de Canarias, 1992, pp. 924-925; Juan B. Lorenzo Rodríguez: Noticias para la historia de La Palma. Edición de José Eduardo Pérez Hernández. Santa Cruz de La Palma: Cabildo Insular de La Palma, 2010, v. I, p. 89, nota 1.
[5] Luis Agustín Hernández Martín: Protocolos de Blas Ximón, escribano de la villa de San Andrés y sus términos (1546-1573). Antonia Clara Martín Martín (patrocinadora). Isla de La Palma: Cartas Diferentes, 2014, y Libro primero de bautismos de las iglesias de San Andrés y de Montserrat, isla de La Palma (1548-1605). Marcelo Rodríguez Fuertes (patrocinador). Isla de La Palma: Cartas Diferentes, 2017.
[6] Archivo parroquial de El Salvador: Libro II de Bautismos, f. 47v; aparece bautizando a un hijo suyo.
[7] Cláusula 14ª de las Constituciones Sinodales…, obra citada.
[8] Luis Agustín Hernández Martín: Libro I de bautismos…, obra citada, pp. 48-53.
[9] Jaime Pérez García: Fastos…, obra citada, pp. 382-383. Véase: Luis Agustín Hernández Martín: Protocolos de Domingo Pérez…, obra citada, v. II, p. 415, doc. nº. 415.
[10] La copia fue facilitada por Charles Socarraz, residente en Francia, y se entregó a Belén Lorenzo Francisco.
[11] El Eco de Canarias (Las Palmas de Gran Canaria), 29 de febrero de 1968, p. 24.
[12] Diario de Avisos (Santa Cruz de La Palma), 27 de abril de 1968, p. 1.
[13] Ibídem. Con mayor extensión: Programa de actos que se celebrarán con motivo de la inauguración del nuevo templo parroquial. San Andrés y Sauces, abril de 1968 (Archivo Municipal).
[14]  Ramón Pérez González: «Una visión geográfica y socioeconómica de La Palma a mediados del siglo XVIII: el manuscrito de Juan de Medinilla». En: I Encuentro Geografía, Historia y Arte. Santa Cruz de La Palma: Patronato del v Centenario de la Fundación de la Ciudad de Santa Cruz de La Palma, 1993, v. III, pp. 33-34.
[15] Eco de Canarias (Las Palmas de Gran Canaria), 19 agosto de 1968, p. 24.
[16] Diario de Avisos (Santa Cruz de La Palma), 6 de septiembre de 1948, p. 2.
[17] Ibídem.
[18] Diario de La Palma: periódico de la tarde (Santa Cruz de La Palma), 21 de septiembre de 1912, p. 1.
[19] Testamento facilitado por Charles Socarraz (Francia). Traducción  y transcripción de Laureà Pagarolas, notario-archivero del Colegio Notarial de Barcelona, y de José Antonio González Marrero, Doctor de Filología Clásica de La Universidad de La Laguna.